Denominar “burbuja” a cualquier actividad económica no es algo nuevo, para la historia quedará la burbuja de los tulipanes en Holanda, siempre al acecho tenemos la burbuja del fútbol, nuestro gran éxito en burbujas, la última inmobiliaria de la que aún no nos hemos repuesto…

burbuja

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Pero ahora se ha convertido en casi una moda decir que todo es una burbuja, que ya estallará y lo comprobaremos. Yo, por mi parte, llevo escuchando casi diez años eso mismo de las carreras populares y la costumbre de correr de la gente. Es verdad que las prácticas abusivas de algunos en cualquier sector económico pueden hacernos pensar que estamos ante una posible burbuja. Pero, un momento, ¿sabemos lo que es una burbuja?

 Burbuja, ¿qué diantres eres?

La burbuja es un término relacionado con la economía, de hecho es “burbuja económica” pero nos gusta ahorrar al escribir y hablar. En cierto modo al quitarle el apellido nos sirve para casi todo y de paso nos olvidamos de las “normas” que debe cumplir una burbuja para ser considerada tal.

La burbuja es un proceso especulativo, se trata de la subida anormal y prolongada en el tiempo de un activo o producto, su precio se aleja así de su valor real. Así las cosas, podemos circunscribir las “burbujas” al campo de los mercados, los de valores mayormente, pero también a sectores en los que intermediarios impongan precios, el inmobiliario e incluso el alimenticio, son esos intermediarios los que realizan los movimientos especulativos.

 ¿Por qué llamar burbuja a todo?

En fin en multitud de conversaciones triviales con amigos alguno puede decir que “comer sano es una burbuja” o incluso que “eso de tener mascotas en casa es otra burbuja más”. Posiblemente en más de una tertulia más o menos sesuda oiremos “lo de los indignados es una burbuja” o “la defensa de lo público es una burbuja”. Podrán usar ese término pero realmente en algunos casos lo que quieren decir es “comer sano es una moda” o incluso “eso de tener mascotas en casa es otra guarrada más” o “lo de los indignados es una mierda así de grande” o “la defensa de lo público se produce porque la gente tiene mucho tiempo libre”.

Se le encasqueta el título de burbuja a todo aquello que nos merece una connotación negativa y que al tiempo nos gustaría que fuese tan fácil de desinflar como pinchar un globo. Llamarlo moda, mierda así de grande, tiempo libre, guarrada o como queráis, pero dejad de usar el término burbuja para todo. Al final conseguimos banalizarlo tanto que no da ni repelús…

 ¿Qué burbuja ha enfadado a mis vocecitas?

Claro que algo que han escuchado las ha disgustado, si no no estaríamos aquí dando la chapa sobre ese rollo de usar las palabras o términos correctos en cada ocasión, seguramente ni se nos habría ocurrido nada parecido.

Hace unos días un amigo, me cae bien que conste, a las vocecitas no, comentó que lo de Internet era una burbuja. A ver, no todo, pero casi todo, se refería a lo que él llama obsesión por estar en la red, ya sea en forma de sitio web o en las redes sociales. Hablábamos sobre todo de empresas, pequeñas o grandes o medianas. Yo no puedo estar de acuerdo con él, ya se lo dije, ahora se lo van a decir las vocecitas…

No es una burbuja el querer estar en Internet, ahora mismo es una realidad a la que no se puede escapar, pero en lo que sí estaremos él y nosotros de acuerdo, es en que no todo el mundo tiene por qué estar en Internet. Me explico, si no estoy dispuesto a invertir económicamente en mi proyecto 2.0, es mejor que no malgaste tiempo. Estar en la web tiene un coste económico para cualquier empresa, si podemos y queremos asumirlo adelante, no es un secreto, habrá infinidad de tarifas donde elegir, adelante.

Por supuesto la grandeza de Internet es que te plantea una segunda vía, tan respetable como la digamos normal, puedes hacerte un Juan Palomo yo me lo guiso y yo me lo como. Lo mismo eres un gran Juan Palomo y te sale hasta bien, incluso te sale de película, y podrás decir “yo solito, ehh”. Pero tendrás que preguntarte todo el tiempo que le dedicaste al 2.0 a qué se lo has quitado y si mereció realmente la pena. No nos engañemos, si yo soy bueno haciendo bicicletas sin sillín, y de las horas que dedico a construirlas he de quitar para dedicarme a Redes Sociales, montar mi sitio web, crear contenidos, analizar los datos, cumplir mi estrategia de marketing que previamente tuve que planificar, habré hecho un flaco favor a mi negocio.

De todos modos, quitar tiempo a tu actividad o a tu familia o a tu ocio, para realizar otra actividad que no es la tuya es, desde mi punto de vista, una opción respetable. Yo no lo haría, pero respeto a quien lo hace. Eso sí, no respeto a quien, siendo un buen diseñador web, por ejemplo, diseña sitios a gente que no está dispuesta a pagar por ellos, simplemente por amistad o a cambio de un regalo, esa actitud denigra a la profesión. Lo mismo es extensible a los que tiran los precios hasta límites surrealistas, si no valoramos en su debida medida nuestro trabajo, ¿quién lo hará por nosotros?

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